PUEBLOS ARCAICOS E HISPANIA ROMANA. SISTEMA DE CASTIGO Y CONTROL SOCIAL

Ramiro J. García Falconí

Universidad Central del Ecuador, Quito – Ecuador

RESUMEN:

La ocupación romana a la Península Ibérica, que inicia en el año 218 A.C. y dura hasta el siglo V, en que cae el Imperio Romano, no solo genera nuevas relaciones sociales y culturales, sino que afecta ámbitos como el Derecho y, por supuesto, la manifestación más violenta de éste, la penal. Si bien muchos de los conflictos se resolvían bajo los usos y costumbres ancestrales de los pueblos hispánicos, el Derecho romano tiene una impregnación importante, conforme lo demuestran las fuentes epigráficas que se conservan hasta el presente, tanto en lo penal, como en lo procesal.

PALABRAS CLAVE:

Ocupación, fuentes epigráficas, Ius Gentium, deditium, Ley de Urso, actio noxalis.

ABSTRACT:

The Roman occupation of the Iberian Peninsula, which began in 218 B.C., and lasted until the fifth century when the Roman Empire fell, not only generated new social and cultural relations,

but also affected areas, such as law and, of course, the more violent manifestation of it: criminal law. Although many of the conflicts were resolved under the ancestral customs and habits of the Hispanic people, Roman law has an important influence, as evidenced by the epigraphic sources that are preserved to the present, both in criminal and procedural subjects.

KEY WORDS:

Occupation, epigraphic sources, Ius Gentium, deditium, Ursus Law, actio noxalis.

Para un mejor entendimiento del objeto de este trabajo, considero fundamental delimitar cronológicamente el concepto que denominamos España prerománica, dejando de lado la

denominación de pueblos primitivos o indígenas, pues de estos y especialmente de su interacción jurídica, tenemos poca información. De hecho, la que se posee no está muy lejos de la ocupación romana en la Península Ibérica, realizada en el año 218 A.C.3.

Si recogemos los datos arrojados por estudios arqueológicos recientes, la presencia del hombre en España data de hace más de medio millón de años y desde entonces, hasta la ocupación romana, dicho territorio no estuvo integrado por una comunidad homogénea, sino por diferentes pueblos, que llegaron en diferentes épocas, con características étnicas y culturales totalmente

diferentes. A la llegada de los pueblos indoeuropeos, como los íberos y los celtas, debe añadirse la de otros, provenientes del Mediterráneo Oriental, como los griegos, fenicios y cartaginenses, quienes modificaron no solo la arquitectura de la zona mediterránea española, de la que aún queda claras muestras, sino que, sin duda, ejercieron influencia en su cultura y normasde convivencia.

1. Los derechos en la Península Ibérica preromana

Como adecuadamente apunta Tomás y Valiente5, existen dos líneas doctrinales en el estudio de la historia del Derecho, una que en base al pensamiento aristotélico, complementado posteriormente por Santo Tomás, considera que el ser humano, como animal político, requiere vivir en sociedad y, por tanto, siempre estará regido por normas jurídicas y un poder político natural a éste.

Conforme esta línea de pensamiento, siempre existió sociedad, Derecho y política. Otra línea doctrinal se decanta, a su vez, por considerar que el ser humano vivió en un inicio en una suerte

de estado de gracia, al cual se refieren los teólogos, o estado de naturaleza –status naturae- para constituir posteriormente un status societatis, como consecuencia del pecado original y en el que la existencia de una autoridad y un Derecho positivo se hacen necesarios. Si algo nos ha enseñado el estudio de los diferentes pueblos primitivos, en diferentes entornos y latitudes,

es que siempre existieron estructuras de poder y control social, en donde una clase dirigente tenía la posibilidad de emitir normas y exigir su cumplimiento para asegurarse de la sumisión de una mayoría sometida, ya sea a través de codificaciones de normas, como en el caso de los pueblos sumerios, acadios y semitas o de culturas jurídicas, tal es el caso de la Grecia Micénica.

El caso de los pueblos hispanos prerománicos no es diferente, como veremos a continuación.

En primer lugar, nos referimos a los pueblos preromanos, utilizando deliberadamente el plural, pues como ya se analizó anteriormente, fueron varios grupos humanos los que se asentaron

en la Península Ibérica, sin que constituyan una unidad política, cultural y menos aun jurídica. Al parecer, cada uno de ellos tenía un sistema de resolución de conflictos, de base consuetudinaria y religiosa.

Respecto de las manifestaciones jurídicas de estos pueblos, existen fundamentalmente dos fuentes:

a) Las inscripciones epigráficas de diversas clases, entre las que se destacan las tesseras de hospitalidad; y,

b) Noticias literarias de escritores griegos y latinos6.

Cuando hablamos de fuentes epigráficas, nos referimos a aquellos objetos que contienen inscripciones, los cuales representan pactos: los pactos o tratados de hospitalidad y las llamadas tesseras de hospitalidad. Los primeros son aquéllos por los cuales una persona o grupo entra a formar parte del derecho de otro y las tesseras son aquellos medios materiales de dichos pactos, hechos de piedra o de algún metal. Varias de éstas se conservan hasta hoy, como el Bronce o tabla de Astorga y el Bronce de Palencia7.

Estos pactos permitían reducir los niveles de hostilidad entre diferentes grupos y pueblos y se dividían en pactos de hospicio u hospitalidad propiamente dichos y relaciones de clientela. Los

primeros se celebraban en condiciones de igualdad entre las partes, sea entre grupos o entre un individuo y un grupo. Su finalidad, como lo anota Tomás y Valiente8, consiste en extender al hospes o huésped el derecho del grupo, a cuya protección se acoge, mientras que las relaciones de clientela se producían cuando el pacto se concertaba entre una parte más débil y otra más fuerte, de manera que el cliente busca la protección jurídica del patrón, a cambio de una relación de sumisión y obediencia, al punto que dentro de la denominada devotio ibérica, el cliente se consagraba a una divinidad para que ésta le aceptase en lugar de la vida del patrono, en tal caso si el patrono moría en combate, el cliente se suicidaba por no haberle cuidado con la debida diligencia. La ruptura del pacto, aun cuando involuntaria, se restablecía con el suicidio.

En cuanto a las fuentes literarias, éstas hacen referencia a los escritos que sobre los pueblos que habitaban la Península Ibérica nos han legado autores griegos y latinos. Sobre ellos debe decirse

que la mayoría de los escritos que conocemos son incompletos, dispersos y realizados en diferentes épocas. La gran mayoría fueron de autoría de personas que nunca pisaron el territorio al cual se referían y, menos aún, pudieron interactuar directamente con los pueblos que habitaban en dicha península; es decir, son escritos, basados en testimonios de terceros, como viajeros, comerciantes y soldados, matizados por la perspectiva cultural de quienes los realizaban.

Si en lo jurídico, en general, resulta muy difícil encontrar referencias en lo relacionado con la España preromana, en lo penal lo es aún más todavía. Evidentemente, como en todas las sociedades arcaicas, contaban con un sistema de control social y las manifestaciones de éste, a manera de castigos, deben haberse producido, sin duda. Una referencia que cabe señalar es la expresada por Estrabón, cuando hace referencia a la proliferación de bandas de pillaje, entre los pueblos que habitaban la zona costera, comprendida sobre las tres rías de Coruña, Betanzos y

El Ferrol. Al parecer, la vida de aventura y pillaje era bastante frecuente entre los pueblos arcaicos de la Península Ibérica, especialmente los lusitanos, sin embargo, muchos de estos

grupos terminaron convirtiéndose en ejércitos de resistencia ante los invasores, como en el caso de Viriato y sus hombres.

De la misma forma, en lo relacionado a la aplicación de penas, al referirse a estos mismos pueblos, se señala que: a los criminales se les despeña, y a los parricidas se les lapida, sacándolos fuera de los límites de su patria o de su ciudad.

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