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LOS PRINCIPALES ELEMENTOS DE MI FILOSOFÍA DEL DERECHO

Robert Alexy

Universidad de Kiel-Alemania

RESUMEN:

En este texto Robert Alexy expone las líneas básicas de su concepción de la filosofía del Derecho. 

PALABRAS CLAVE:

R. Alexy, pretensión de corrección, teoría del discurso, positividad, validez, constitucionalismo democrático. 

ABSTRACT

R. Alexy presents herein the main lines of his legal philosophy conception. 

KEYWORDS:

R. Alexy, claim to correctness, discourse theory, facticity, validity, democratic constitutionalism.

En el centro de mi filosofía jurídica se encuentra la tesis de que el Derecho tiene una doble naturaleza3. Comprende necesariamente tanto una dimensión real o fáctica como una dimensión ideal o crítica. El aspecto fáctico se refleja en los elementos definitorios de la legalidad conforme al ordenamiento y de la eficacia social, y el ideal en el de la corrección moral4. Quien define el Derecho exclusivamente por medio de la legalidad conforme al ordenamiento y la eficacia social sostiene un concepto positivista de Derecho. En cuanto añadimos la corrección moral como tercer elemento necesario, el cuadro cambia de un modo fundamental: surge un concepto no positivista de Derecho. Así pues, la tesis de la doble naturaleza implica el no-positivismo. 

Como tal, la tesis de la doble naturaleza del Derecho es todavía indeterminada y formal, pero adquiere un contenido concreto y una estructura clara cuando se despliega en un sistema. La idea rectora de este sistema es la institucionalización de la razón5, cuya forma política es el constitucionalismo democrático6. El sistema se puede generar en tres pasos.

CORRECCIÓN Y DISCURSO

La pretensión de corrección

El primero de los pasos estriba en la tesis de que el Derecho, necesariamente, efectúa o plantea una pretensión de corrección.

Para precisar esta tesis hay que responder a tres cuestiones:

a) ¿qué significa que el Derecho plantea una pretensión?;

b) ¿qué hemos de entender por necesidad de la pretensión?; y,

c) ¿en qué consiste el contenido de la pretensión?

El planteamiento de la pretensión

En sentido estricto, las pretensiones sólo pueden plantearlas sujetos capaces de actuar y de hablar7. De ahí que el Derecho, en la medida en que se contemple como un sistema de normas, no pueda plantear pretensión alguna, según ha puesto acertadamente de relieve N. Mac. Cormick8. Que el Derecho plantee una pretensión de corrección sólo puede significar, por tanto, que la plantean aquellos que intervienen en el Derecho, y actúan por él, al crearlo, interpretarlo, aplicarlo y hacerlo cumplir.

Los casos paradigmáticos son el del legislador y el del juez. Que ellos planteen esa pretensión significa, primero, que a sus actos institucionales -es decir, a las decisiones legislativas y a las sentencias judiciales- está unido el acto no institucional de y materialmente correcto. La corrección implica justificabilidad. Luego la pretensión de corrección incluye, en segundo lugar, una aseveración de justificabilidad9. Como tercer elemento, a la afirmación y a la aseveración se suma la expectativa de que todo aquel que se sitúe en el punto de vista del correspondiente

sistema jurídico y sea razonable aceptará el acto jurídico como correcto. El planteamiento de una pretensión de corrección, por consiguiente, se compone de la tríada de:

1) afirmación de la corrección;

2) aseveración de la justificabilidad; y,

3) expectativa de aceptación.

Esta tríada no se halla unida solamente a actos institucionales como las decisiones legislativas y las sentencias judiciales.

Cualquiera que, en cuanto participante en un sistema jurídico -por ejemplo, como abogado ante un tribunal o como ciudadano dentro de un debate público-, aduzca argumentos a favor o en contra de determinados contenidos de dicho sistema estará planteando la pretensión integrada por la afirmación de la corrección, la aseveración de la justificabilidad y la expectativa de aceptación.

La necesidad de la pretensión

La pretensión de corrección sólo es relevante para el concepto y la naturaleza10 del Derecho si este la plantea necesariamente.

Se puede demostrar y explicar su necesidad por medio de dos ejemplos.

El primer ejemplo trata del artículo primero de una nueva constitución para el Estado X, donde una minoría oprime a la mayoría. La minoría desea continuar disfrutando de las ventajas de oprimir a la mayoría, aunque también quiere ser sincera. La asamblea constituyente aprueba por ello, como artículo primero de la nueva constitución, la siguiente cláusula:

1. X es una república soberana, federal e injusta Este artículo constitucional tiene algo defectuoso. La cuestión es únicamente en qué consiste el defecto. Sin duda, el artículo infringe las convenciones acerca de la redacción de textos constitucionales. Pero esto solo no explica el defecto. Por ejemplo, un catálogo de derechos fundamentales de cien páginas que intentara codificar la jurisprudencia dictada hasta la fecha por el tribunal constitucional sería de lo más insólito o poco convencional, pero no tendría el carácter manifiestamente absurdo de la cláusula de la injusticia. Ocurre otro tanto si pensamos en un defecto moral. Desde el punto de vista de la moral, no habría ninguna diferencia si la mayoría oprimida fuese privada de forma expresa, en un artículo adicional, de los derechos a cuya privación apunta la cláusula de la injusticia. Pero desde el punto de vista del defecto, en cambio, sí existiría una diferencia: la cláusula de la injusticia no es sólo inmoral, sino en cierto modo también disparatada. E. Bulygin ha sostenido que la cláusula de la injusticia constituye sólo un error político, pues sería políticamente poco conveniente11. Y seguramente lo es, aunque tampoco eso explica por completo el defecto.

Muchas cosas en una constitución pueden ser inconvenientes en términos políticos y, en este sentido, técnicamente defectuosas, pero no provocan un efecto tan peculiar como nuestro artículo primero12. Ni el defecto convencional ni el moral ni el técnico explican el carácter absurdo de la cláusula de la injusticia. Ese carácter, como muy a menudo sucede con lo absurdo, resulta aquí de una contradicción. Tal contradicción surge porque con el acto de promulgar la constitución se plantea una pretensión de corrección, que en este caso es esencialmente una pretensión de justicia13. Como hemos visto, las pretensiones incluyen afirmaciones. Y la que está incluida en la pretensión de justicia planteada aquí es la afirmación de que la república es justa. 

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